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sábado, 28 de abril de 2012

Utilidad del concepto de Ser para la ciencia


Causas y efectos en la filosofía de la ciencia
Hume fue el primero en distinguir  las impresiones, derivadas de las sensaciones recogidas por los sentidos, y las ideas, conjuradas por la mente. Una impresión sería la producida por la percepción del canto de un pájaro, mientras que una idea sería la imagen de un pájaro conjurada por la mente. Los elementos de una idea compleja, en última instancia, son o bien impresiones sensoriales o bien otras ideas más simples.

La filosofía cartesiana considera a la conexión causa-efecto como necesaria. En cambio Hume fue el primero en refutar este concepto, señalando que la causalidad no puede descubrirse entre las propiedades de los distintos objetos o eventos:

No existe ningún objeto que implique la existencia de otro cuando consideramos a ambos objetos en sí mismos, sin mirar más allá de las ideas que nos formamos de ellos.

La relación causa-efecto en Hume depende enteramente de las ideas del observador; él define la causa como: 
 
Un objeto precedente y contiguo a otro, y unido a él en la imaginación de tal manera que la idea de uno determina en la mente la formación de la idea del otro, y la impresión de uno la formación de una idea más viva del otro.

Regularidad de los fenómenos observados: empirismo
Si consideramos que A es la causa de B, nuestra expectativa de ver B al percibir A se basa en las experiencias repetidas de la secuencia A precede a B. O sea que el conjunto de esas experiencias es la causa de nuestra expectativa. Aplicando de nuevo el pensamiento de Hume a esta causa, vemos que las experiencias preceden a la expectativa, son su causa, pero su conexión es sólo mental, es una construcción del observador, y por tanto por lógica podría no repetirse.

Por ejemplo, la Estadística usa el principio de la regularidad para dar consistencia empírica a la probabilidad: dado un experimento aleatorio, como puede ser el lanzamiento de una moneda, no podemos predecir su resultado, pero siempre que repitamos el experimento un número elevado de veces, observaremos que las frecuencias relativas de los posibles resultados, esto es, el número de veces que se presenta cada posibles resultado dividido por el número total de pruebas realizadas, siempre se estabilizan tendiendo a un límite que es la probabilidad empírica del resultado. En la siguiente tabla vemos la evolución de las frecuencias relativas para un número N de ensayos del lanzamiento de una moneda; en el límite las frecuencias de los dos resultados se igualan a 0,5, o 50%.


N 10¹ 10² 10³ 10⁴
caras 0,60 0,57 0,49 0,50
cruces 0,40 0,43 0,51 0,50


Este principio de regularidad da solidez a todo el aparato matemático de la probabilidad que nos permite calcular probabilidades sin recurrir a simulaciones. Pero ¿cuál es la causa de este principio? Si no la conocemos, ¿cómo podemos estar seguros de su validez universal?

Principio de inducción
En Ciencia el principio de inducción se usa para generalizar resultados particulares. En el caso del lanzamiento de la moneda, una vez observados un gran número de veces los resultados empíricos, generalizamos diciendo que las frecuencias siempre se acercan a 0,5 cuando N es grande. El rechazo del principio de la inducción es quizá la parte central del razonamiento de Hume. Para ser lógicamente aceptable, el principio de la inducción debe poderse derivar de otro principio independiente.

Según Bertrand Russell:
Lo que los argumentos (de Hume) prueban —y yo pienso que la prueba no es refutable— es que la inducción es un principio lógico independiente, incapaz de ser inferido ya sea de la experiencia o de otro principio lógico, pero que sin la inducción la ciencia es imposible.

Ciencia y realidad
Como consecuencia de esta línea de razonamiento parece inevitable que enunciemos que la realidad no podrá ser nunca totalmente conocida por la ciencia, ya que está limitada por el uso habitual del principio de inducción. El cual no tiene un fundamento sólido. En efecto, para algunos filósofos y también para muchos científicos la ciencia es incapaz de explicar toda la realidad, y se limita únicamente a describir el funcionamiento de las cosas, dentro de sus posibilidades.

Pero por otro lado, sabemos que la Física ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad, dándonos una imagen muy distinta de la que nunca nos habríamos podido imaginar guiándonos sólo por nuestra experiencia cotidiana. Esto es así debido en parte a los avances en Física experimental: ahora podemos diseñar experimentos con una precisión realmente difícil de entender por el no iniciado. Los detectores del CERN, por poner un ejemplo, recopilan los datos de millones de colisiones de partículas por segundo, y son capaces de diferenciar eventos separados sólo por 0,000000001 segundos. Esta precisión eleva al empirismo a otra dimensión, por así decirlo, y quizá no llega totalmente a la realidad, pero permite acercarnos mucho a ella. Por otra parte, la Física matemática ha seguido los pasos de la experimental, y nos proporciona modelos cada vez más precisos. Así pues, el argumento de Hume lógicamente es irrefutable, pero parece que la ciencia se acerca progresivamente más y más a la realidad, en lo que vendría a ser un proceso de paso al límite: nunca llegaremos, pero nos acercamos progresivamente, somos cada vez más precisos.


Utilidad del concepto de Ser
De hecho, si pudiéramos fundamentar el principio de inducción de algún modo, la ciencia quedaría completa desde el punto de vista filosófico. Según Bernard d'Espagnat la idea de una realidad independiente y altamente estructurada, que llamaremos simplemente “Ser”, puede explicar las regularidades observadas. Esta realidad no tiene porque ser cognoscible con certeza (como algunas extrapolaciones del teorema de Gödel y la misma Física Cuántica indican).

El trabajo científico se ocupa, pues, de encontrar correspondencias entre la realidad y los conceptos mentales. La Física nos muestra que el Ser escapa a nuestras categorías mentales habituales; por ejemplo nuestro rígido concepto del tiempo absoluto no coincide para nada con la definición dada en Física relativista. Lo mismo podemos decir del concepto de espacio, que en relatividad depende de las velocidades de los observadores y del campo gravitatorio. Incluso la división natural que hacemos entre sujeto y objeto, se diluye en Física cuántica.

Entonces afirmar que existe el Ser, una realidad más allá del espacio y del tiempo, y anterior a la escisión sujeto-objeto, lejana en el sentido de que difiere de nuestra experiencia cotidiana, que es la fuente de los fenómenos observados, no tiene porque ser un ejercicio de metafísica, al contrario, puede fundamentar la ciencia sobre una base que explique el principio de inducción. Además, puede establecer puentes entre la visión científica y el misticismo, que no es otra cosa que una vía alternativa para alcanzar el Ser. 

Bibliografía
Bernard d'Espagnat: En busca de lo real. Alianza Universidad.
 

sábado, 11 de febrero de 2012

Idea y concepto de Dios en la mente de la humanidad

En el blog La Vaca esférica se publicó hace un tiempo el post "Matemáticamente, Dios no existe" que produjo una larga cadena de comentarios, entre los cuales hay uno mío. La supuesta demostración, muy discutible, se basa en conjuntos y probabilidades, y como es natural produjo controversia. En este post trato el mismo tema pero desde un punto de vista muy distinto, a partir de las nociones de concepto e idea de Dios, y de su universalidad.

Conceptos e ideas
Un concepto es una construcción mental con un significado intelectual; forman la base del conocimiento. Así, cuando por ejemplo estudiamos ingeniería, estamos adquiriendo los conceptos adecuados para esa rama de la técnica. Agrupamos conceptos referentes a un campo de conocimiento, como la ingeniería, con el nombre de sistema conceptual.

Adquirimos los conceptos a través de la experiencia sensible y del estudio abstracto: conceptos prácticos o teóricos. Los objetos de nuestro entorno los conocemos a través de nuestro concepto de ellos, que construimos por experiencia directa. Los conceptos abstractos los adquirimos por el estudio y el razonamiento, o bien por abstracción directa de los objetos.

Ejemplos: el concepto de "mesa" está relacionado con todas las mesas que hemos observado, y contiene propiedades como el uso a que se la destina, las formas y dimensiones, etc.; si además somos profesionales del mueble, nuestro concepto será más rico e incluirá propiedades adicionales como la madera de la que se compone, barnices, etc.
El concepto del número 2 es totalmente abstracto, no tiene ninguna relación con objetos tangibles, es una propiedad universal de ciertos conjuntos de objetos.

Una idea es una construcción mental relacionada con un concepto, pero no necesariamente incluida en él. Puede incorporarse al concepto o sistema conceptual al que hace referencia,  enriqueciéndolo, o bien descartarse.

Ejemplos: Arquímedes, pensando sobre como solucionar un problema planteado por su rey, tuvo la idea que hoy se conoce como Principio de Arquímedes. Esta idea hoy en dia está incluida en el sistema conceptual de la estática de fluidos.

Así, las ideas no tienen suficiente estructura o no tenemos suficiente confianza en su certeza para ser consideradas nociones.


Dios como idea/noción y las religiones como sistemas conceptuales
¿Dios es una idea o un concepto? Siguiendo las definiciones dadas, si no tenemos la certeza de su existencia diremos que es una idea; para alguien que niega su existencia será una idea falsa, mientras que para los que tienen dudas razonables será una idea factible pero no probada. Por otra parte, para los creyentes que tienen total confianza en su existencia, será una noción conceptual que no necesita ser probada.

En cambio las religiones son claramente sistemas conceptuales ya que incluyen diversas nociones interrelacionadas, en las cuales siempre está incluida, por supuesto, un concepto de Dios, diferente según la religión. Debido a la fe de los creyentes, las religiones no contienen ideas, sólo conceptos dogmáticos que no necesitan ser probados.

Entonces, si nos desvinculamos de dogmas de fe,  la existéncia de Dios no está probada, así que en lo que sigue consideraremos a Dios como una idea.

Dios como idea, es con toda seguridad la idea más común de la historia de la humanidad, en el sentido de que ha existido desde la prehistoria hasta la actualidad, en todas las civilizaciones y culturas, en todas las razas y pueblos: aunque con notables diferencias en los detalles, la idea de un ser superior (o muchos seres, en el caso del politeísmo) ha sido una constante de la raza humana. La vemos en los más antiguos escritos cuneiformes, en el antiguo Egipto, en la China del siglo X, y en la actualidad. Y la encontramos en el pueblo inculto medieval, en la nobleza, y entre científicos contemporáneos.

Dios como experiencia mística
Dejemos por un momento el mundo de las ideas y volvamos a la experiencia objetiva. Como ya comente en el post Mística y ciencia  es muy notable que la descripción de un cierto estado místico en religiones como el zen, el sufismo, el taoísmo, el tantrismo, los místicos cristianos, etc, sean tan coincidentes. Hay una coincidencia entre personas de razas y religiones diferentes, separados entre sí por milenios y por continentes, sin ninguna relación entre sí ni conocimiento mutuo. En este estado místico se es uno con el ser supremo, y a la vez con todo lo existente:

Mi Yo es Dios, y no reconozco otro Yo que mi Dios mismo.
Santa Catalina de Genova


Mi naturaleza se armoniza con la de Buda. Ya no hay dualidad, sino unidad y armonía: Satori.
Yoka Daishi: El canto del inmediato Satori (Budismo Zen)

Para estos místicos, el ser supremo no es una idea, ni siquiera es un concepto, sino una experiencia sensible real; además, la experiencia tiene muchos puntos en común para todos ellos.

Entonces, ¿Dios existe?
Recapitulemos.

Primero,  la idea de Dios es universal y atemporal. Claro que no estamos diciendo que todos tengamos esa idea, solo decimos que, como idea, tiene una enorme difusión y persistencia en el tiempo, a pesar de lo que hemos progresado en los últimos 10.000 años. Obsérvese además que tener la idea de Dios no significa creer en su verdad: incluso un ateo tiene la idea de Dios, que considera falsa. Si no se tiene una idea en la mente, no se la puede juzgar, primero hemos de adquirirla para luego considerar su certeza. 

Segundo, el conocimiento directo del ser supremo que dicen que han tenido los místicos, también en diferentes épocas y lugares, es notablemente coincidente.

En mi opinión, estos dos puntos muestran claramente que algo efectivamente existe, ¿pero que es? ¿Qué hipótesis podemos enunciar que sean coherentes con lo expuesto? Aparte de simplemente enunciar que Dios existe, según creo sólo hay una explicación científica posible, que paso a exponer.

La idea/noción de Dios podría ser una característica de la mente humana, al menos en cierto estado de evolución; simplemente surge de modo natural la idea de un ser supremo. Incluso las experiéncias místicas, también podrían generarse en el cerebro siempre que se den ciertas condiciones, como por ejemplo tener el concepto de Dios en la mente y trabajarlo constantemente durante el tiempo suficiente. Podemos imaginar que, quizá dentro de 10.000 años, la evolución haya llevado a la humanidad a un punto en el cual ya no surja el concepto de ser supremo. Quizá es una caractística de nuestra especie, el Homo Sapiens (o quizá viene incluso de anteriores especies), y se extinguirá con la aparición de la siguiente especie.

Respecto a esta hipótesis, hace unos años visité un monasterio budista situado en el Pirineo de Aragón en el cual compré un libro, "Naturaleza de Buda. El Tao de la evolución", de Wes Nisker; en él se defiende una tesis parecida, pero referida a la espiritualidad en conjunto, no sólo a la idea de ser supremo. Además sostiene que la evolución nos llevará a más espiritualidad: en un futuro todos seremos místicos:

"Creo que en los años venideros se prestará gran atención en la información compartida entre los meditadores budistas y los biólogos, en particular los neurocientíficos".
Wes Nisker: Naturaleza de Buda.

Esta idea de espiritualidad inducida por la evolución explica científicamente la universalidad y persisténcia de la idea, pero me plantea una duda importante: ¿cuál es su utilidad? ¿O debemos pensar que es una característica puramente aleatoria? No domino en absoluto el tema de la evolución de las especies, su mecanismo, porque surgen las características, etc., así que no puedo seguir especulando. 

La pregunta queda abierta: ¿qué sentido tiene en la evolución de la humanidad introducir la noción de ser supremo y de espiritualidad en su mente? Porque de esto sí que podemos estar seguros: esa idea existe en la mente; puede estar más o menos activa, puede ser negada o afirmada, pero está en nuestras mentes.

Programas, mente y libre albedrío

La mente humana es un programa, o sea, sigue una colección de instrucciones aprendidas. Es algo que ya intuia hace muchos años, pero hoy mie...